Noelia's profileFairy TalesPhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    Saga Traición Scott Westerfeld

    Traición - Uglies (feos)
     
     
    Como todos los chicos y las chicas de su edad, Tally espera con impaciencia cumplir los 16 años, porque a esa edad se someterá a una intervención quirúrgica que la convertirá en perfecta. Su transformación, sin embargo, se ve amenazada cuando su amiga Shay huye para unirse a la resistencia, un grupo de disidentes que no quieren someterse a la operación y que viven en El Humo, una ciudad clandestina. Tras la huida de Shay, las autoridades le ofrecen a Tally una disyuntiva: o bien continuar siendo imperfecta para siempre, es decir, no someterse a la operación, o bien ir en busca de Shay y entregarla a los agentes de Circunstancias Especiales, los encargados de preservar la seguridad en el mundo. Tally no está dispuesta a renunciar a la belleza y por eso acepta el trato: viajará a El Humo, traicionará a su amiga y contribuirá, así, a que los agentes encuentren y desmantelen la ciudad. Tras una agotadora semana de viaje, Tally encuentra el lugar donde se esconden los disidentes y conoce a David, gracias a él, Tally descubre que tras la fachada de la belleza y la perfección se esconde un oscuro secreto. Un secreto que supone una extraordinaria arma de poder para las autoridades y que, de salir a la luz, podría cambiar el mundo para siempre...
     
    "Nunca me cansaré de recomendarla" - Stephenie Meyer
     

    Puedes descargarte el primer libro de la saga, en español, aquí:


     

       

    Edith Södergran

    Vierge moderne

    Jag är ingen kvinna. Jag är ett neutrum.
    Jag är ett barn, en page och ett djärvt beslut,
    jag är en skrattande strimma av en scharlakanssol...
    Jag är ett nät för alla glupska fiskar,
    jag är en skål för alla kvinnors ära,
    jag är ett steg mot slumpen och fördärvet,
    jag är ett språng i friheten och självet...
    Jag är blodets viskning i mannens öra,
    jag är en själens frossa, köttets längtan och förvägran,
    jag är en ingångsskylt till nya paradis.
    Jag är en flamma, sökande och käck,
    jag är ett vatten, djupt men dristigt upp till knäna,
    jag är eld och vatten i ärligt sammanhang på fria villkor...
                                      
                                      Edith Södergran (Karelia, 1892-1923)
     

    No soy mujer. Soy un neutro.
    Soy un niño, un paje y una audaz decisión,
    soy un rayo riente de un sol escarlata...
    Soy una red  para todos los peces glotones,
    soy un brindis en honor de todas las mujeres,
    soy un paso hacia la casualidad y la perdición,
    soy un salto en la libertad y en el yo...
    Soy el murmullo de la sangre en el oído del hombre,
    soy un escalofrío del alma, nostalgia y negación de la carne,
    soy un letrero que anuncia la entrada a nuevos paraísos.
    Soy una llama, inquisitiva e intrépida,
    soy un agua, profunda hasta la rodilla pero audaz,
    soy fuego y agua en unión sincera sin condiciones...

    The Goode Family, una serie para ver con humor =)

    Una madre, un padre, dos hijos y un perro... todos veganos, super ecologistas y defensores de las libertades y las minorías. Esta es la nueva serie de animación de la cadena ABC, lanzada la última semana de mayo.
    El padre, Gerald Goode, es el prototípico universitario liberal que va en bicicleta.
    Helen Goode es su esposa, y se ocupa de algunas cosas en el hogar, incluyendo las compras. Está obsesionada con: el comercio justo, los productos locales, la agricultura orgánica y biológica, las bolsas reusables de tela que no estén hechas en países con bajos estándares laborales. No soporta las visitas de su padre, un carnívoro redomado e insensible...
    Ubuntu (si, como el sistema operativo libre) es lo que Gerald y Helen siempre soñaron: un niño africano adoptado. Aunque, por motivos burocráticos, el niño resultó ser un sudafricano rubio, hijo de represores del Apartheid que fueron encarcelados.
    Bliss es la hija biológica de Gerald y Helen, tan activa y concienciada como sus padres, pero con la desventaja de que vive una adolescencia en que ser diferente no es una buena estrategia para ser popular.
    Finalmente, el perro Che, que no vive muy relajado porque le alimentan con pienso vegano que satisface su estómago pero no su apetito, lo que lo convierte en el depredador número uno del barrio.

    A la familia lo que más le importa es hacer las cosas bien: usan paneles solares, reciclan su basura, hacen compost, tienen un auto híbrido eléctrico de mucho menor tamaño que el auto estándar norteamericano, defienden las libertades civiles y las minorías de todo tipo.

      
     

     

     

    Only Our Rivers Run Free

    When apples still grow in November

    When blossoms still bloom from each tree,

    When leaves are still green in December,

    It's then that our land will be free.

     

    I wander her hills and her valleys,

    And still through my sorrow I see

    A land that has never known freedom

    And only her rivers run free.

     

    I drink to the death of her manhood,

    Those men who would rather have died

    Than to live in the cold chains of bondage,

    To bring back their rights were denied.

     

    Oh were are you now when we need you,

    What burns where the flame used to be,

    Are ye gone like the snows of last winter,

    And will only our rivers run free.

     

    How sweet is life but we're crying

    How mellow the wine that were dry,

    How fragrant the rose, but it's dying,

    How gentle the wind but it sighs.

     

    What good is in youth when it's aging,

    What joy is in eyes that can't see,

    When there's sorrow and sunshine and flowers,

    And still only our rivers run free.

    ACTO ANTITAURINO EL 24 DE MAYO EN MADRID

     

    Equanimal y CAS (Comité Anti Stierenvechten, de Suiza) os invitan a participar el 24 de Mayo en un espectacular acto antitaurino. Cientos de personas nos daremos cita ese día en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid  para protagonizar el desnudo antitaurino más numeroso hasta la fecha (no será un desnudo integral, los participantes llevarán tod@s boxers negros).

    Resulta vital que te animes a participar. Ayúdanos a hacer ver al mundo entero que la abolición de la tauromaquia es posible. Apúntate ahora para participar en el acto. Rellena el formulario que encontrarás clicando aquí y nos pondremos en contacto contigo en los próximos días.

     

    Además, en esta ocasión te pedimos que nos ayudes a encontrar voluntarios. Convence a tus amigos para que participen. Necesitamos cientos de voluntarios y tus amigos pueden ayudarnos a hacer que nuestro mensaje llegue más lejos. Cuando nos pongamos en contacto contigo en los días siguientes a que te apuntes podrás darnos los datos de tus amigos interesados en participar.

     

    The Host

     

    La humanidad ha sucumbido

    Conservamos nuestros cuerpos

    Pero nuestras mentes han sido borradas

    El cuerpo de Melanie Stryder ha sido entregado a otra persona

    Pero Melanie se resiste a desaparecer…

    Porque hay alguien a quien no puede dejar atrás

    ¿Puede el amor conquistarlo todo?

      
     

    Wanderer,

    una alienígena invasora de cuerpos

    Melanie,

    una anfitriona que se niega a desaparecer

    Jared,

    un humano que vive oculto

    El primer triángulo amoroso

    que implica a sólo dos cuerpo

     

    ¿Y si tuvieras

    que luchar 

    por un cuerpo

    en el que vivir?

     

    Es el fin del mundo tal y como lo conocíamos

    “En tantos

    milenios, los humanos nunca comprendieron el amor. ¿Cuánto es físico, cuánto está en

    la mente? ¿Cuánto es accidental y cuánto está predestinado? ¿Por qué equipos perfectos

    fracasaron y prosperaron parejas imposibles? No conozco las respuestas mejor que ellos.

    El amor simplemente está donde está. Mi huésped amó al huésped de Curt, y ese amor

    no murió cuando cambió la propiedad de las mentes.”

          

                                                                                                  Cita de The Host (Stephenie Meyer)

     

     

    Concentración contra la matanza de focas HOY!



    En pocos días, comenzará otra vez el grueso de la cacería comercial de focas en Canadá.
    El año pasado, se mataron más de 217.000 focas, casi todas crías menores de tres meses.

    Y, como en años anteriores, se convoca otra vez una sonora protesta
    ante la embajada de Canadá en Madrid que puede tener una importancia decisiva porque el comercio de productos derivados de foca podría quedar terminantemente prohibido en toda la UE si se gana la votación
    aprobando el informe del Comité de Mercado Interior del Parlamento
    Europeo que lo propone.

    La votación se celebrará posiblemente el 1 de abril.

    PROTESTA EN MADRID

    Embajada de Canadá
    Calle Núñez de Balboa, 35
    (Nuñez de Balboa, esquina a Goya, metro Velázquez)


    JUEVES 26 DE MARZO DE 2009
    A LAS 17:00 HORAS ( 5 de la tarde)
    (y durará 2 horas, hasta las 7 de la tarde)


    Traed pìtos, cacerolas, megafonía, pancartas... todo lo que tengáis.

    ORGANIZA:
    Grupo Animalista de Madrid www.concentracionmadrid.es.tl
    Coordinador: Alvaro Perales
    Email: concentracion_animales@hotmail.com


    Con la adhesión de: The Protect Seals Network

     

    Traducción no oficial de Midnight Sun

     

                   

     

                                                         

     

     

     

    Traducción no oficial de Midnight Sun (Stephenie Meyer): Sol de Medianoche. Cápitulo 1.1/2

                                               

                                                                               

    Éste era el momento del día en el que más deseaba ser capaz de dormir.

    El instituto.

    ¿O sería más apropiado emplear el término «purgatorio»? Si existía algún modo de purgar mis pecados, esto tenía que contar de alguna manera. El tedio era a lo que menos me había conseguido acostumbrar y, aunque parezca imposible, cada día me resultaba más monótono que el anterior. Supongo que ésta era mi manera de dormir, si el sueño se define como un estado inerte entre periodos activos.

    Me quedé mirando fijamente las grietas del enlucido de la esquina más lejana de la cafetería, imaginando dibujos en ellas. Era una manera de sofocar las voces que parloteaban dentro de mi mente como el gorgoteo de un río. Ignoré el centenar de voces por puro aburrimiento. Cuando a alguien se le ocurre algo, seguro que ya lo he oído con anterioridad más de una vez. Hoy, todos los pensamientos se concentraban en el trivial acontecimiento de una nueva incorporación al pequeño grupo de alumnos. No se necesitaba mucho para provocar su entusiasmo. Había visto pasar repetido el nuevo rostro de un pensamiento a otro, desde todos los ángulos posibles. Sólo era otra chica humana. La excitación que había causado su aparición resultaba predecible hasta el aburrimiento, era como mostrar un objeto brillante a un niño.

    La mitad del rebaño de ovejunos varones se imaginaba ya enamorándose de ella, sólo porque era algo nuevo que mirar. Puse más empeño en no prestar atención.

    Sólo hay cuatro voces que bloqueo por una cuestión de cortesía: las de mi familia, mis dos hermanos y mis dos hermanas, quienes están tan acostumbrados a la ausencia de intimidad en mi presencia que rara vez se dan cuenta. A pesar de ello, les concedo toda la privacidad posible. Procuro no escucharlos si puedo evitarlo.

    Lo intento con todas mis fuerzas, claro, pero aún así... me entero de cosas.

    Rosalie pensaba en ella misma, como de costumbre. Había captado su reflejo en las gafas de sol de alguien y se regodeaba en su propia perfección. La mente de Rosalie era un charco poco profundo de escasas sorpresas.

    Emmett estaba que echaba chispas después de haber perdido un combate de lucha libre con Jasper la noche anterior.

    Necesitaría de toda su escasa paciencia para llegar al final de las clases y organizar la revancha. Nunca he sentido que me entrometía en sus pensamientos porque nunca ha pensado nada que no pudiera decir en voz alta o poner en práctica. Sólo me siento culpable al leer la mente de los demás cuando me consta que les gustaría que ignorase ciertas cosas. Pero si la mente de Rosalie es un charco poco profundo, la de Emmett es un lago sin sombras, tan transparente como el cristal.

    Y Jasper estaba... sufriendo. Reprimí un suspiro.

     Edward. Alice me llamó por mi nombre, pero sólo sonó en mi cabeza y le dediqué de inmediato toda la atención.

    Era lo mismo que si la hubiera oído hablarme en voz alta. Me alegraba que en los últimos tiempos hubiese pasado de moda el nombre que me habían puesto. Menos mal, ya que hubiera resultado un fastidio volver la cabeza automáticamente cada vez que alguien pensara en algún Edward…

    En ese momento no me volví. A Alice y a mí se nos daban muy bien esas conversaciones privadas, y era raro que nos pillaran durante las mismas. Mantuve la mirada fija en las líneas que se formaban en el enlucido.

    ¿Cómo lo lleva?, me preguntó.

    Torcí el gesto, pero sólo pareció que había cambiado ligeramente la posición de la boca, nada que pudiera alertar a los otros. Era fácil que pensaran que lo hacía por aburrimiento.

    El tono de la mente de Alice ahora parecía alarmado y leí que vigilaba a Jasper con su visión periférica.

    ¿Hay algún peligro? Ladeé la cabeza hacia la izquierda muy despacio, como si contemplara los ladrillos de la pared, suspiré, y luego me volví hacia la derecha, de nuevo hacia las grietas del techo. Sólo Alice se dio cuenta de que estaba negando con la cabeza.

    Ella se relajó. Avísame si la cosa se pone fea.

    Moví sólo los ojos, primero arriba, hacia el techo, y luego abajo.

    Gracias por ayudarme con esto.

    Me alegré de no tener que contestarle en voz alta. ¿Qué le podría haber dicho? ¿«Encantado»? En realidad no era así. No disfrutaba asistiendo al debate interior de Jasper ¿Era necesario pasar por todo esto? ¿No era un camino más seguro admitir simplemente que él nunca sería capaz de controlar su problema con la sed como los demás, en lugar de tentar continuamente sus límites? ¿Por qué coquetear con el desastre? Habían pasado ya dos semanas desde nuestra última expedición de caza. No era un periodo de tiempo excesivamente insoportable para el resto de nosotros. Algo incómodo a veces, si un humano caminaba muy cerca de nosotros o si el viento soplaba del lado equivocado. Pero los humanos rara vez se aproximan a nosotros. El instinto les dice lo que sus mentes conscientes difícilmente comprenderían: que somos peligrosos.

    Y en ese preciso momento Jasper lo era en grado sumo. Una chica bajita se detuvo en un extremo de la mesa más próxima a la nuestra para hablar con un amigo. Se pasó los dedos entre el pelo corto, color arena, y sacudió la cabeza. Justo en ese momento la rejilla del aire acondicionado empujó su aroma en nuestra dirección. Yo estaba acostumbrado a la forma en que me hacía sentir el olor: sequedad y dolor en la garganta, un agujero anhelante en el estómago, un agarrotamiento instantáneo de los músculos, el flujo excesivo de ponzoña en la boca…

    Todo eso era bastante normal y, por lo general, fácil de ignorar; pero hoy resultaba más duro al tener los sentidos agudizados y notarlo todo por duplicado: la sed se multiplicaba al monitorizar las reacciones de Jasper. Era la sed de dos, no sólo la mía.

    Jasper intentaba mantener la mente lejos de allí. Estaba fantaseando…Imaginaba que se levantaba del lado de Alice y se paraba al lado de la chica. Pensaba en inclinarse como si le fuera a susurrar algo al oído y dejar que sus labios rozaran el arco de su garganta. Imaginaba también cómo fluía el cálido flujo de su pulso debajo de la fina piel que sentiría bajo su boca…Propiné una patada a la silla de Jasper.

    Nuestras miradas se encontraron durante un minuto, y luego él bajó la suya. Pude escuchar cómo se enfrentaban en su interior la culpa y la rebeldía.

    —Lo siento —musitó.

    Me encogí de hombros.

    —No ibas a hacer nada —murmuró Alice en un intento de mitigar el disgusto de Jasper—. Lo vi.

    Reprimí la mueca que hubiera echado por tierra la mentira de Alice; ella y yo debíamos apoyarnos el uno al otro. No resultaba fácil para ninguno de los dos oír voces y tener visiones del futuro. Éramos bichos raros, incluso entre los que ya lo eran de por sí. Nos protegíamos los secretos entre nosotros.

    —Pensar en ellos como personas ayuda un poco —sugirió Alice con voz aguda y musical, demasiado baja y rápida para que la escucharan los oídos humanos—. Se llama Whitney y tiene una hermanita muy pequeña a la que adora. Su madre invitó a Esme a aquella fiesta en el jardín, ¿te acuerdas?

    —Sé quién es —contestó Jasper secamente.

    Se volvió para mirar por una de las pequeñas ventanas situadas bajo el alero a lo largo del muro que rodeaba la gran habitación. El tono de su voz puso fin a la conversación.

    Deberíamos haber ido de caza el día anterior por la noche. Era ridículo enfrentar esa clase de riesgos, intentar demostrar entereza y mejorar la resistencia. Jasper tendría que asumir sus limitaciones y vivir con ellas. Sus antiguos hábitos no eran los más apropiados para el estilo de vida que habíamos elegido; no podría adaptarse a él.

     

     

    Alice suspiró silenciosamente y se puso de pie, llevándose la bandeja de comida —un atrezo, en realidad—y dejándole solo.

    Sabía hasta dónde llegar con su apoyo y cuándo dejar de hacerlo. Aunque era más evidente que Rosalie y Emmett mantenían una relación, Alice y Jasper se conocían tan bien que sentían los estados de ánimo del otro como si fueran propios.

    Parecía que también pudiesen leer las mentes, aunque sólo fuera entre ellos.

    Edward Cullen.

    Acto reflejo. Me volví al oír mi nombre, aunque no es que nadie lo hubiera pronunciado en voz alta, sólo lo había pensado. Mi mirada se encontró durante una breve fracción de segundo con la de un par de enormes ojos marrones, de color chocolate, unos ojos humanos en medio de un rostro pálido, con forma de corazón. Conocía ese rostro a pesar de no haberlo visto nunca con mis propios ojos. Era el tema más destacado del día en todas las mentes: la nueva alumna, Isabella Swan, la hija del jefe de policía de la ciudad, que había venido a vivir aquí por algún cambio en su situación familiar. Bella. Hasta ahora había corregido a todo el mundo que se dirigía a ella por su nombre completo…

    Miré a lo lejos, aburrido. Me llevó un segundo darme cuenta de que ella no había sido la persona que había pensado en mi nombre.

    Por supuesto, Bella ya se ha quedado alucinada con los Cullen, oí cómo continuaba el primer pensamiento que había oído.

    Identifiqué la «voz» como la de Jessica Stanley. Había pasado ya un tiempo desde que me incordió por última vez con su charloteo interno. Qué alivio sentí cuando ella superó ese desdichado encaprichamiento. Había sido casi imposible escapar de sus constantes y ridículas ensoñaciones. Me dieron ganas en aquel momento de explicarle con toda exactitud lo que podría haber ocurrido si mis labios, y los dientes detrás de ellos, se hubieran encontrado cerca de ella. Esto habría silenciado cualquier tipo de molestas fantasías con bastante rapidez. Pensar en su reacción casi consiguió arrancarme una sonrisa.

    Le iría bien engordar un poco, continuó Jessica. En realidad, ni siquiera es guapa. No entiendo por qué Eric la mira tanto... o Mike.

    Hizo una mueca mental de dolor al pensar en el último nombre. El nuevo capricho de Jessica, el súper popular Mike Newton, no sabía ni que ella existía. Sin embargo, no parecía tan insensible a la chica nueva. Otra vez la historia del chico fascinado por un objeto brillante. Aquello dio un giro mezquino a los pensamientos de Jessica, aunque en apariencia se mostraba cordial con la recién llegada mientras le explicaba lo que todos sabían sobre mi familia. La nueva seguramente habría preguntado por nosotros.

    Aunque hoy todo el mundo me mira a mí también, pensó Jessica muy pagada de sí misma, en un aparte. Ha sido una verdadera suerte que Bella compartiera dos clases conmigo... Apuesto a que luego Mike querrá preguntarme qué tal es...

    Intenté bloquear el absurdo parloteo antes de que sus superficiales e insignificantes pensamientos me volvieran loco.

    —Jessica Stanley le está sacando a la Swan, la chica nueva, todos los trapos sucios del clan Cullen —le murmuré a Emmett, para distraerme, que se rió entre dientes y pensó: Espero que lo esté haciendo bien.

    —En realidad, es bastante poco imaginativa. Sólo le ha dado un toque escandaloso, nada más. Ni una pizca de terror.

    Me siento un poco decepcionado.

    ¿Y la chica nueva? ¿También se siente ella decepcionada con el chismorreo?

    Presté atención a ver si escuchaba lo que esta chica nueva, Bella, pensaba de la historia de Jessica. ¿Qué vería cuando se fijara en la extraña familia con la piel del color de la tiza, de la que se apartaban todos?

    En cierta manera era cuestión de responsabilidad por mi parte conocer su reacción. Yo actuaba de vigía, a falta de un nombre mejor, para proteger a la familia. Si alguien empezara a concebir sospechas, yo los avisaría con tiempo suficiente para poder quitarnos de en medio con facilidad. Había ocurrido de vez en cuando que algún humano con una imaginación despierta nos había identificado con los personajes de un libro o una película. La mayoría de las veces se convencía de su error, pero era mejor trasladarse a otro lugar que arriesgarse a un examen. Rara vez, muy rara vez, alguien adivinaba la verdad y no le concedíamos la oportunidad de comprobar su hipótesis.

    Simplemente desaparecíamos, para convertirnos como mucho en un recuerdo aterrador…

    No escuché nada por más que fijé la atención en el lugar contiguo al cual continuaba fluyendo de forma compulsiva el frívolo monólogo interno de Jessica. Era como si allí no se sentara nadie. ¡Qué curioso!, ¿se habría ido la chica? No parecía probable, ya que Jessica seguía dándole la brasa. Miré hacia allí para comprobarlo, sintiéndome confuso. Comprobar con la vista lo que mi sentido extrasensorial me decía era algo que nunca antes había tenido que hacer.

    Mi mirada se trabó de nuevo en esos grandes ojos marrones.

    Ella se sentaba en el mismo lugar que antes, y nos miraba, algo natural, supuse, mientras Jessica continuaba regalándole los oídos con los chismorreos locales sobre los Cullen. Pensar sobre nosotros, sin duda, era algo natural. Pero no oía ni un susurro siquiera. Mientras bajaba la mirada, un tentador rubor de un rojo cálido invadió sus mejillas, diferente al de la vergüenza que se siente cuando te han sorprendido mirando fijamente a un desconocido. Era estupendo que Jasper aún estuviera mirando por la ventana. No quería imaginarme lo que ese natural flujo de sangre supondría para su autocontrol.

    Las emociones se mostraban tan transparentes en su cara que parecía llevarlas escritas en la frente: sorpresa —como si de forma inconsciente hubiera detectado indicios de las sutiles diferencias entre su naturaleza y la mía—, curiosidad mientras escuchaba la historia de Jessica, y algo más... ¿fascinación?

    No sería ésta la primera vez. Éramos hermosos a los ojos de los hombres, nuestras presas potenciales. Y al final, por fin, vergüenza por haberla pillado mirándome.

    Aun a pesar de que había mostrado con tal claridad los sentimientos en sus extraños ojos, extraños por lo profundos, de color marrón, que de tan oscuros casi parecían opacos, no oía nada más que silencio en el lugar donde ella se sentaba. Nada en absoluto.

    Me sentí incómodo durante unos momentos. Nunca me había encontrado con nada similar. ¿Me pasaba algo malo?

    Me notaba exactamente igual que siempre. Preocupado, presté aún más atención.

    De pronto, empezaron a gritar en mi cabeza todas las voces de alrededor que había contenido hasta ese momento.

    Me pregunto qué música le gustará... Quizás podría mencionar ese nuevo CD..., pensaba Mike Newton, dos mesas más allá, concentrado en Bella Swan.

    Eric Yorkie refunfuñaba mentalmente con sus pensamientos girando también alrededor de la nueva. Hay que ver cómo la mira. No le basta con tener a más de la mitad de las chicas del instituto pendientes de él.

    Es vergonzoso. Cualquiera pensaría que es famosa o algo por el estilo... La mira incluso Edward Cullen... Lauren Mallory estaba tan celosa que, en realidad, su rostro debería haber tenido el color del jade oscuro. Y Jessica, haciendo ostentación de su nueva mejor amiga. Qué gracia... La mente de la chica continuó escupiendo vitriolo.

    Apuesto a que todo el mundo le ha preguntado eso. Pero me gustaría hablar con ella. He de pensar en alguna pregunta más original... meditaba Ashley Dowling.

    Quizás esté en mi clase de Español... pensaba esperanzada June Richardson.

    Esta noche tengo toneladas de trabajo. Trigonometría y los ejercicios de Lengua. Espero que mamá… Angela Weber, un muchacha tranquila, cuyos pensamientos eran generalmente amables, algo poco habitual, era la única en la mesa que no estaba obsesionada con Bella.

    Podía oírlos a todos, oía cada insignificancia que se les ocurriera conforme pasaba por su mente, pero nada en absoluto procedente de aquella nueva alumna con esos ojos aparentemente tan comunicativos.

    Eso sí, podía escuchar lo que decía cuando se dirigía a Jessica.

    No necesitaba leer la mente para oírlas hablar con voz baja

    y clara en el lado opuesto de la gran estancia.

    —¿Quién es el chico de pelo cobrizo? —le oí preguntar mirándome disimuladamente de reojo, sólo para retirar de inmediato la vista cuando se dio cuenta de que aún seguía con los ojos fijos en ella.

    Todavía tuve tiempo de considerar esperanzado que oír el sonido de su voz me serviría para captar el tono de sus reflexiones, perdidos en algún lugar al que yo no podía acceder, pero enseguida me decepcioné. Lo normal es que los pensamientos de la gente tengan el mismo tono que sus voces físicas. Pero esa voz tranquila, tímida, me resultaba poco familiar, no pertenecía a ninguno de los cientos que rebotaban por la habitación, estaba seguro. Era completamente nueva.

    ¡Ja, buena suerte, idiota!, pensó Jessica antes de contestar la pregunta de la chica.

    —Se llama Edward. Es guapísimo, por supuesto, pero no pierdas el tiempo con él. No sale con nadie —levantó la nariz, desdeñosa—. Quizá ninguna de las chicas del instituto le parece lo bastante guapa.

    Volví la cabeza para ocultar la sonrisa. Jessica y sus compañeras de clase no tenían ni idea de la suerte que tenían al no interesarme ninguna de ellas en especial.

    En ese estado de humor fluctuante, sentí un impulso extraño que no terminé de entender. Quería hacer algo respecto al tono mezquino de los pensamientos de Jessica, de los que la nueva no era consciente… Sentí la extraña urgencia de interponerme entre ellas para proteger a Bella Swan de los oscuros manejos de Jessica. Era algo muy raro en mí sentir aquello.

    Intenté llegar hasta las motivaciones que alimentaban dicho impulso y volví a examinar a la chica.

    Quizás fuera un instinto protector, el del fuerte sobre el débil, sepultado en alguna parte desde hacía mucho tiempo. La muchacha parecía más frágil que sus nuevas compañeras de clase. Su piel era tan translúcida, que resultaba difícil creer que le ofreciera mucha protección frente al mundo exterior.

    Podía ver el rítmico pulso de su sangre a través de las venas bajo esa clara y pálida membrana… Sería mejor que no me concentrara en eso, se me daba muy bien la vida que había escogido, pero estaba tan sediento como Jasper y no tenía sentido darle alas a la tentación.

    Tenía una arruguita entre las cejas de la que ella no parecía consciente.

    ¡Aquello era increíblemente frustrante! Veía claramente el esfuerzo que le costaba estar allí sentada, intentando conversar con extraños, siendo el centro de atención. Podía adivinar su timidez por la postura de sus hombros, de aspecto frágil, ligeramente hundidos, como si esperara un desaire de un momento a otro. Pero sólo podía adivinar, ver o imaginar. No había más que silencio en esta chica humana tan sumamente corriente. No podía oír nada. ¿Por qué?

    —¿Qué pasa? —murmuró Rosalie, interrumpiendo mi concentración.

    Dejé de mirar a la chica y sentí una especie de alivio. No deseaba seguir intentándolo sin éxito, me irritaba. Y no quería desarrollar ningún interés por sus pensamientos ocultos simplemente porque no podía acceder a ellos. Sin duda, cuando pudiera descifrarlos, y seguramente encontraría la manera de hacerlo, serían tan superficiales e insignificantes como los de cualquier otro humano. No merecían siquiera el esfuerzo que me costaría llegar hasta ellos.

    —¿Así que la chica nueva nos tiene miedo ya? —preguntó Emmett, esperando aún una respuesta.

    Me encogí de hombros. No estaba lo suficientemente interesado para seguir presionando y obtener más información.

    Ni debería interesarme.

    Nos levantamos de la mesa y salimos de la cafetería. Emmett, Rosalie y Jasper simulaban ser estudiantes de último curso, por lo que se dirigieron hacia sus respectivas clases. Yo interpretaba un papel más juvenil, de modo que me encaminé hacia la clase de Biología de primero, preparándome mentalmente para soportar el tedio. Era dudoso que el señor Banner, un hombre de intelecto medio, se las ingeniara para insertar en su explicación algo que pudiera sorprender a alguien que tenía dos licenciaturas en Medicina.

    En la clase, me instalé en mi silla y dejé que los libros, puro atrezo, puesto que no contenían nada que no supiera ya, se desparramaran por la mesa. Era el único alumno que no compartía pupitre. Los humanos no eran lo bastante listos para saber por qué me temían, pero su instinto de supervivencia resultaba suficiente para mantenerlos alejados de mí.

    El aula se fue llenando despacio conforme los chicos iban regresando del almuerzo en un lento goteo. Me repantigué en la silla y dejé transcurrir el tiempo. De nuevo, deseé ser capaz de dormir.

    Su nombre volvió a llamarme la atención, quizás porque estaba pensando en ella cuando Angela Weber la acompañó hasta la clase.

    Bella parece tan tímida como yo. Apuesto lo que sea a que este día le está resultando realmente difícil. Ojalá supiera qué decirle, pero seguramente sonaría estúpido…

    ¡Bien!, pensó Mike Newton mientras se revolvía en su asiento para ver entrar a las chicas.

    Pero seguía sin leer pensamiento alguno desde la posición ocupada por Bella Swan. El espacio vacío donde deberían estar sus pensamientos me irritaba y desconcertaba.

    Bella se acercó a la mesa del profesor avanzando por el pasillo lateral que había a mi lado. Pobre chica, el único pupitre libre era el contiguo al mío. Automáticamente limpié su lado del pupitre, empujando mis libros hasta formar una pila. Dudaba que se sintiera muy cómoda en ese asiento.

    Comenzaba lo que para ella prometía ser un semestre muy largo, al menos en esta clase. Sin embargo, quizás podría sacar a la superficie sus secretos al sentarme a su lado; no es que hubiera necesitado antes de proximidad para conseguirlo… y tampoco es que hubiera nada que mereciera la pena escuchar…

    Bella Swan caminó hasta interponerse en el flujo de aire caliente que soplaba en mi dirección desde la rejilla de ventilación.

    Su olor me impactó como la bola de una grúa de demolición, como un ariete. No existe imagen lo bastante violenta para expresar la fuerza de lo que me sucedió en ese momento.

    En aquel instante, no hubo nada que me asemejara a la persona que fui antaño, no quedó ni un jirón de los harapos de humanidad con los que me las arreglaba para encubrir mi naturaleza.

    Yo era un depredador; ella, mi presa. No existía en el mundo otra verdad que no fuera ésta.

    Para mí ya no había una habitación llena de testigos, porque en mi fuero interno los acababa de convertir a todos ellos en daños colaterales. El misterio de sus pensamientos quedó olvidado. Los pensamientos de Bella no me importaban nada porque no iba a poder pensar por mucho más tiempo.

    Yo era un vampiro y ella tenía la sangre más dulce que había olido en ochenta años.

    No concebía la existencia de un aroma como ése. Habría empezado a buscarlo desde mucho tiempo antes si hubiera sabido que existía. Hubiera peinado el planeta para encontrarlo.

    Podía imaginar el sabor…

    La sed ardía en mi garganta como si fuera fuego. Sentía la boca achicharrada y deshidratada y el flujo fresco de ponzoña no hizo nada por hacer desaparecer esa sensación. Mi estómago se retorció de hambre, un eco de la sed. Se me contrajeron los músculos, preparados para saltar.

    No había pasado ni un segundo. Ella todavía no había terminado de dar el paso que la había puesto en la dirección del aire que fluía hacia mí.

    Conforme su pie tocó el suelo, sus ojos se posaron en mí en un movimiento que ella pretendía que fuera sigiloso. Su mirada se encontró con la mía y me vi perfectamente reflejado en el amplio espejo de sus ojos.

    La sorpresa que me produjo ver mi cara proyectada en sus pupilas le salvó la vida en aquellos momentos tan difíciles.

    Pero no me lo puso fácil. Cuando ella fue consciente de la expresión de mi rostro, la sangre inundó nuevamente sus mejillas, volviendo su piel del color más delicioso que había visto en mi vida. Su olor era como una bruma en mi cerebro a través de la cual apenas podía razonar. Mis pensamientos bramaron incoherentes, fuera de todo control.

    Ella caminaba ahora más despacio, como si comprendiera la necesidad de huir. Los nervios la hicieron comportarse de modo torpe, por lo que tropezó y se tambaleó hacia delante, casi cayendo sobre la chica sentada delante de mí. Parecía débil, vulnerable, incluso más de lo que es habitual en un humano.

    Intenté concentrarme en el rostro que había visto en sus ojos, un rostro que reconocí con asco. Era la cara del monstruo que había en mí, el que había combatido y derrotado a lo largo de décadas de esfuerzo y de disciplina inflexible. ¡Con qué rapidez emergía ahora a la superficie!

    El olor se arremolinó nuevamente a mi alrededor, dispersando mis pensamientos y casi impulsándome fuera del asiento.

    No. Mi mano se aferró a la parte central del borde de la mesa para intentar sujetarme a la silla. Pero la madera no estaba por la labor y mi mano atravesó el armazón y arrancó un puñado de astillas. La forma de mis dedos quedó grabada en la madera.

    Destruye la evidencia, ésta era una regla fundamental. Rápidamente pulvericé los bordes que tenían la forma de mis dedos, dejando sólo un agujero desigual y una pila de virutas en el suelo, que dispersé con el pie.

    Destruye la evidencia. Daño colateral…

    Sabía lo que iba a suceder ahora. La chica debería venir a sentarse a mi lado y yo tendría que matarla.

    Los testigos inocentes de la clase, otros dieciocho jóvenes y un hombre, no podrían abandonar la habitación una vez que hubieran asistido a lo que iba a ocurrir en breve.

    Me acobardé ante la idea de lo que se avecinaba. Incluso en mis peores momentos, jamás había cometido una atrocidad como ésta. Nunca había matado a inocentes, al menos no en las últimas ocho décadas. Y ahora planeaba masacrar a veinte de una vez.

    El rostro del monstruo en mi mente se burló de mí.

    Aun cuando una parte de mí intentaba apartarse de aquella idea horripilante, la otra parte planeaba la forma de perpetrarla.

    En el caso de que matara a la chica primero, sólo dispondría de quince o veinte segundos antes de que reaccionaran los humanos del aula. Tal vez algo más si no se daban cuenta de lo que estaba haciendo desde el principio. Ella no tendría tiempo de gritar o sentir dolor y yo no la mataría con crueldad.

    Esto era todo lo que podía hacer por esta desconocida con esa sangre tan horriblemente deseable.

    Pero habría de impedir que escaparan. No debía preocuparme por las ventanas, ya que estaban demasiado altas y eran muy pequeñas para servir a nadie en su huida. Sólo quedaba la puerta, que los dejaría atrapados en cuanto se bloqueara.

    Intentar abatirlos a todos cuando estuvieran dominados por el pánico y chillando, en pleno caos, seguramente sería más lento y difícil. No imposible, pero habría mucho ruido y tiempo de sobra para un montón de gritos. Alguien podría oírlos… y me vería forzado a matar incluso a más inocentes en esta hora negra.

    El olor me castigó hasta cerrarme la garganta reseca y dolorida.

    Además, la sangre de Bella se enfriaría mientras mataba a los otros.

    De modo que sería mejor encargarme primero de los testigos.

    Me tracé un esquema mental. Yo estaba en mitad de la habitación, en la última fila de la parte de atrás. Empezaría por el lado derecho. Estimé que podría romper aproximadamente entre cuatro y cinco cuellos por segundo, y sería menos escandaloso. El lado derecho sería el de los afortunados porque no me verían llegar. Después daría la vuelta por la parte frontal e iría de delante hacia atrás por el lado izquierdo; matarlos a todos me llevaría a los sumo cinco segundos.

    Sin embargo sería tiempo suficiente para que Bella viera con claridad lo que se le venía encima. Suficiente para que tuviera miedo. Suficiente para que gritara, si el susto no la dejaba paralizada en su sitio. Sólo un débil grito que no haría venir a nadie corriendo.

    Aspiré una bocanada de aire y el olor se convirtió en un fuego que corrió por mis largas venas vacías y me abrasó el pecho hasta consumir cualquier impulso positivo que hubiera sido capaz de sentir.

    En ese preciso momento se estaba dando la vuelta. Estaría sentada a pocos centímetros de mí dentro de escasos segundos.

    El monstruo en mi mente sonrió ante la expectativa. 

     

    Sol de Medianoche Cápitulo1.2/2

     

    Alguien sentado cerca de mí, a la izquierda, cerró de golpe una carpeta. No miré para ver cuál de los malditos humanos había sido, pero el movimiento envió una bocanada de aire normal, inodoro, hacia mi rostro.

    Durante un escaso segundo, pude pensar con claridad. En ese precioso segundo, vi dos rostros en mi mente, uno al lado del otro.

    Uno era el mío, o más bien lo había sido: el monstruo de ojos inyectados en sangre que había matado a tanta gente que había dejado de contarlos. Asesinatos racionalizados y justificados.

    Un asesino de asesinos; el asesino de otros monstruos menos poderosos. Era consciente de que se trataba de un complejo de dios, si pudiera llamarlo así, el de alguien que cree poder decidir quién merece una sentencia de muerte. Era un compromiso conmigo mismo: me alimentaba de sangre humana, pero en su definición más amplia, ya que mis víctimas eran, debido a sus varios y oscuros pasatiempos, escasamente más humanos que yo.

    El otro rostro era el de Carlisle.

    No había ninguna semejanza entre ambos rostros. Eran como la noche y el día.

    No existía ningún motivo para buscar semejanzas. Carlisle no era mi padre en un sentido biológico estricto y no compartíamos características similares. El parecido en el color de la piel se debía a lo que éramos; todos los vampiros tienen la misma tez helada y pálida. El parecido en el color de nuestros ojos era otra cosa: el reflejo de nuestra mutua elección.

    Y aun así, aunque no había base para establecer semejanzas, me imaginaba que mi rostro había comenzado a reflejar el suyo hasta cierto punto, en los malditos últimos setenta años durante los cuales yo había abrazado su camino y seguido sus pasos.

    Mis rasgos no habían cambiado, pero a mí me parecía que algo de su sabiduría había marcado mi expresión y que algo de su compasión podía encontrarse en la forma de mi boca, así como trazas de su paciencia eran evidentes en mi ceño.

    Todas estas pequeñas mejoras habían desaparecido de la cara del monstruo. En pocos momentos, no quedaría en mí nada que reflejara los años que había pasado con mi creador, mi mentor, mi padre en todos los sentidos que importan. Mis ojos volverían a brillar rojos como los del diablo; toda la bondad habría desaparecido para siempre.

    Yo veía el rostro de Carlisle en mi mente, y sus ojos amables no me juzgaban. Sabía que él me perdonaría por el horrible acto que iba a cometer, porque me amaba, porque pensaba que era mejor de lo que realmente era. Y seguiría queriéndome, incluso aunque le demostrara que estaba equivocado.

    Bella Swan se sentó en la silla que había a mi lado con movimientos rígidos y forzados, ¿por el miedo?, y el olor de su sangre se extendió como una nube inexorable a mi alrededor.

    Le demostraría a mi padre que se había equivocado conmigo.

    Y la tristeza de este hecho hería casi tanto como el fuego de mi garganta.

    Me aparté de ella con asco, sintiendo repugnancia por el monstruo que deseaba tomarla.

    ¿Por qué tenía que haber venido aquí? ¿Por qué tenía que existir? ¿Por qué tenía ella que destruir la poca paz que me quedaba en esta existencia mía de redivivo? ¿Por qué había tenido que nacer esta irritante humana? Acabaría conmigo.

    Volví la cara para no verla en cuanto me invadió una repentina furia, un odio irracional.

    ¿Quién era esta criatura? ¿Por qué yo, por qué en ese momento? ¿Por qué debía perderlo todo ahora sólo porque a ella le había dado por escoger esta insólita ciudad para aparecer?

    ¡¿Por qué había venido hasta aquí?!

    ¡Yo no quería ser un monstruo! ¡No quería matar en esta habitación llena de niños inofensivos! ¡No quería perder todo lo que había ganado en una vida entera de sacrificio y privaciones!

    No podía… Ella no podía hacerme eso.

    El olor era el problema, el enorme atractivo de su olor. Si hubiera alguna manera de resistir… Bastaría que otro chorro de aire fresco me aclarara la cabeza.

    Bella Swan sacudió su cabello largo, espeso, de color caoba, en mi dirección.

    ¿Estaba loca? ¡Era como si le diera alas al monstruo! Tanteándole.

    Esta vez no había ninguna brisa amable que apartara el olor lejos de mí. Pronto estaría todo perdido.

    No, no hubo ninguna brisa. Pero yo no tenía por qué respirar.

    Paré el flujo de aire a través de mis pulmones; el alivio fue instantáneo, pero incompleto. Todavía tenía el recuerdo del olor en mi cabeza y el sabor en el fondo de mi lengua. Ni siquiera podría resistir eso durante mucho tiempo. Pero quizás fuera capaz de soportarlo una hora. Una hora. Sólo el tiempo necesario para salir de esa habitación llena de víctimas, víctimas que quizás no tendrían que serlo. Si era capaz de contenerme sólo durante una hora.

    No respirar era una sensación incómoda. Mi cuerpo no necesitaba oxígeno, pero iba contra mis instintos. Yo confiaba más en el olor que en cualquiera de los otros sentidos en momentos de tensión. Era el que me guiaba durante la caza y el primero que avisaba en caso de peligro. No solía encontrarme en situaciones difíciles siendo yo un peligro en mí mismo, pero el instinto de supervivencia era tan fuerte en mi naturaleza como en el de un ser humano normal.

    Incómodo, pero manejable. Más soportable que olerla a ella y no poder hundir mis dientes en su fina piel, delicada y transparente hasta llegar al cálido, húmedo, pulsante…

    ¡Una hora! ¡Sólo una hora! Debía dejar de pensar en el olor, en el sabor.

    En silencio, la chica mantuvo el pelo entre nosotros, inclinándose hacia delante hasta que dejó caer la melena sobre la carpeta. No podía verle la cara, ni podía intentar leer sus emociones en sus sinceros ojos profundos. ¿Había sido por eso por lo que ella había extendido su cabellera entre nosotros?

    ¿Quería esconder esos ojos de mi vista? ¿Sólo por miedo?

    ¿Por timidez? ¿Para mantener ocultos sus secretos?

    Mi irritación anterior por no ser capaz de leerle los pensamientos era poca cosa en comparación con la necesidad —y el odio— que me embargaba en ese momento. Porque yo odiaba a esa frágil adolescente que se sentaba a mi lado, la odiaba con la misma fuerza con la que me sentía apegado a mi anterior identidad, al amor por mi familia, a mis sueños de ser algo mejor que lo que era… Odiarla, odiar el modo en que ella me hacía sentir, me ayudaba un poco. Sí, y la irritación que había sentido antes no era importante, pero también me favorecía. Me ceñí a cualquier emoción que me distrajera de imaginar su delicioso sabor

    Odio e irritación. Impaciencia. ¿Es que la hora no iba a terminar nunca?

    Y cuando la hora terminara… Entonces ella saldría de esta habitación, y ¿qué haría yo?

    Podría presentarme. Hola, me llamo Edward Cullen. ¿Puedo acompañarte a tu próxima clase?

    Me contestaría afirmativamente aunque, como yo sospechaba, me temiera, porque era la respuesta educada y apropiada. Bella seguiría la costumbre y caminaría a mi lado. Resultaría bastante fácil llevarla en la dirección equivocada. Un espolón del bosque sobresalía como un dedo hasta tocar la parte posterior del aparcamiento. Podría decirle que había olvidado un libro en mi coche…

    ¿Se daría cuenta alguien de que yo había sido la última persona con la cual la habían visto? Estaba lloviendo, como siempre.

    Dos impermeables oscuros encaminándose en la dirección equivocada podrían despertar un interés excesivo y delatarme.

    Además, no era el único que había reparado en ella aquel día, aunque ninguno de forma tan devastadora como yo. Mike Newton, en especial, estaba pendiente de cada cambio de su postura en la silla mientras ella se movía nerviosamente; estaba tan incómoda por estar cerca de mí como cualquiera en su lugar, como yo habría esperado antes de que su olor hubiera destruido cualquier interés caritativo. Mike Newton seguramente notaría si ella salía de clase conmigo.

    Podría soportarlo una hora, ¿y dos?

    Me estremecí a causa del dolor y la quemazón.

    Ella volvería a una casa vacía, ya que el jefe de policía Swan trabajaba a jornada completa. Conocía el edificio, del mismo modo que conocía cada casa en esta ciudad tan pequeña. La casa se encontraba aislada en lo alto de la ciudad, junto a un espeso bosque, sin vecinos cerca. Incluso aunque ella tuviera tiempo para gritar, que no lo tendría, no habría nadie que la escuchara.

    Ésta era la manera más responsable de llevar el asunto. Había pasado siete décadas sin probar la sangre humana. Si contenía la respiración, podría aguantar dos horas más. Y cuando ella estuviera sola, no habría ocasión para que nadie resultara herido. Y no existe motivo alguno para precipitarse, el monstruo de mi cabeza me dio la razón.

    Era un sofisma pensar que sería menos monstruo por salvar a los diecinueve humanos del aula con esfuerzo y paciencia y matar sólo a esa inocente joven.

    Aunque la odiaba, sabía que mi odio era injusto. Me di cuenta de que a quien detestaba realmente era a mí mismo.

    Y me odiaría más aún cuando ella hubiera muerto.

    Soporté toda la hora así, imaginando las mejores formas de matarla. Evite visualizar el acto real, ya que esto habría sido demasiado para mí. Perdería la batalla y terminaría matándolos a todos. Así que me concentré en el aspecto estratégico del plan y nada más.

    Ella me miró más allá de la muralla de sus cabellos en una sola ocasión, casi al final de la clase. Sentía arder en mi interior aquel odio injustificado cuando nuestras miradas se encontraron y lo vi reflejado en sus ojos asustados. El arrebol cubrió sus mejillas antes de que pudiera volver a esconderse en su pelo y yo casi perdí los estribos.

    Menos mal que sonó el timbre. Salvado por la campana, igual que en el dicho. Ambos nos habíamos salvado: ella de la muerte, y yo, durante un breve tiempo, de convertirme en la criatura de pesadilla que temía y detestaba.

    No pude moverme con la lentitud habitual mientras salía de la clase. Algún observador ocasional hubiera averiguado que había algo raro en mi forma de caminar, pero nadie me prestó atención. Todos los pensamientos humanos seguían girando en torno a la chica que estaba condenada a morir en poco menos de una hora.

    Me escondí en el coche.

    No quería pensar en mí mismo como en alguien que se debía ocultar. Se parecía demasiado a la cobardía, pero sin duda ése era el caso ahora.

    En aquellos momentos, no tenía la disciplina necesaria para permanecer rodeado de humanos. Al concentrar todas mis energías en no matar a uno de ellos, me había quedado sin fuerzas para resistirme frente a los demás. En caso contrario, menuda pérdida. Ya que tenía que rendirme al monstruo, al menos haría que mereciera la pena la derrota.

    Puse el CD con la música que por lo general me calmaba, pero me sirvió de poco. No, lo único que en ese momento podía ayudarme era el aire frío, húmedo y limpio que soplaba con la ligera lluvia a través de las ventanas abiertas. Aunque todavía podía recordar el olor de la sangre de Bella Swan con perfecta claridad, inhalar el aire era como limpiar el interior de mi cuerpo de una infección.

    Me sentía bien otra vez. Podía pensar de nuevo. Y ahora era capaz de volver a enfrentarme contra lo que no quería ser.

    No tenía por qué ir a su casa, ni tenía por qué matarla. Sin duda, yo era una criatura pensante, racional y tenía posibilidad de elegir. Siempre había una oportunidad.

    No me había sentido así en la clase, pero ahora estaba lejos de ella. Quizás, si la evitaba cuidadosamente, con mucho, mucho tiento, no tendría necesidad de cambiar de vida. Ahora tenía todo organizado del modo que me gustaba. ¿Por qué debía permitir que esa deliciosa e irritante personita lo arruinara todo?

     

    No tenía por qué disgustar a mi padre, ni causar tensión, preocupación o dolor a mi madre. Sí, aquello también iba a disgustar a mi madre adoptiva. Y Esme era tan dulce, tan amable, tan gentil. Provocar dolor a alguien como Esme era verdaderamente imperdonable.

    Qué irónico sonaba mi deseo de proteger a esa joven humana de la amenaza irrisoria y torpe de los pensamientos despectivos de Jessica Stanley. Yo era la última persona que podría haberse erigido nunca como defensor de Isabella Swan. Ella nunca necesitaría protegerse tanto de nada como de mí mismo.

    De pronto, me pregunté dónde estaría Alice. ¿No me había visto matar a la joven Swan de mil formas diferentes? ¿Por qué no había venido en mi busca o en mi ayuda, para detenerme o al menos limpiar las evidencias? ¿Estaba ella tan absorta vigilando a Jasper de que se metiera en problemas que no había sido consciente de otras posibilidades mucho peores?

    ¿Era yo más fuerte de lo que pensaba? ¿Y si realmente no iba a hacerle nada a la joven? No. Yo sabía que eso no era verdad. Alice debía de estar muy concentrada en Jasper.

    Busqué en la dirección en que sabía que la iba a encontrar, dentro del pequeño edificio donde se impartían las clases de inglés. No me llevó mucho localizar su «voz» familiar. Y llevaba razón. Volcaba todos sus pensamientos en Jasper, vigilando las mínimas posibilidades minuto a minuto.

    Deseaba pedirle consejo, pero, al mismo tiempo, me alegraba que ella ignorase de lo que yo era capaz y que, en la última hora, había considerado seriamente la posibilidad de provocar una masacre.

    Un nuevo fuego recorrió mi cuerpo, el de la vergüenza. No quería que ninguno de ellos lo supiera.

    Si lograba evitar a Bella Swan, si me las arreglaba para no matarla —el monstruo se retorció y le rechinaron los dientes de frustración sólo de pensarlo—, en tal caso, nadie se enteraría.

    Si pudiera alejarme de su aroma…

    No había razón alguna para no intentarlo al menos. Elegir lo correcto. Tratar de ser lo que Carlisle pensaba que era.

    La última hora de clase estaba a punto de terminar. Decidí llevar a la práctica mi nuevo plan de inmediato. Era mejor que quedarme sentado en el aparcamiento, donde ella podría pasar cerca de mí y acabar con mi empeño. Volví a sentir un encono injustificado por la muchacha. Odiaba que, sin saberlo, tuviera ese poder sobre mí, que ella me pudiera convertir en algo ultrajante.

    Crucé el pequeño campus muy rápido —tal vez demasiado, pero no había testigos— en dirección a la oficina. No había razón para que mi camino y el de Bella Swan se cruzaran. Debía evitarla como a la pequeña peste que era.

    La oficina estaba vacía, a excepción de la secretaria, la única persona a la que quería ver.

    No oyó mi sigilosa entrada.

    —¿Señora Cope?

    La pelirroja de bote alzó la vista y abrió los ojos de forma desmesurada. Estos correctores de exámenes… siempre los sorprendía con la guardia baja, jamás se enteraban de nada, sin importar cuántas veces nos hubieran visto con anterioridad.

    —¡Oh! —exclamó entrecortadamente. Estaba un poco agitada.

    Estúpida, pensó en su fuero interno, es lo bastante joven para ser mi hijo, demasiado joven para pensar en él de esa forma…—.

    Hola, Edward. ¿En qué te puedo ayudar?

    La mujer agitó las pestañas detrás de las gruesas gafas. Estaba incómoda, pero yo sabía ser encantador cuando me lo proponía.

    De hecho, me resulaba muy fácil, conocía de inmediato qué tono adoptar o qué gesto realizar.

    Me incliné hacia delante y sostuve su mirada como si observara intensamente esos corrientes ojillos castaños suyos. La mujer era ya un manojo de nervios. Esto iba a resultar sencillo.

    —Me preguntaba si me podría ayudar con mi horario de clases —dije con la voz suave que reservaba para cuando no deseaba atemorizar a los humanos.

    Oí cómo aumentaba el ritmo de los latidos de su corazón.

    —Por supuesto, Edward. ¿Cómo puedo ayudarte? —demasiado joven, demasiado joven, se gritaba a sí misma. Se equivocaba, por supuesto. Yo tenía más años que su abuelo, aunque, según mi permiso de conducir, ella tenía razón.

    —¿Sería posible cambiar la clase de Biología por otra de mayor nivel científico? Tal vez Física…

    —¿Tienes algún problema con el señor Banner, Edward?

    —En absoluto. Lo único que ocurre es que ya he estudiado ese temario…

    —… en esa escuela de enseñanza acelerada a la que asististes en Alaska, cierto —frunció los labios mientras lo consideraba.

    Todos deberían estar en la universidad. He oído las quejas de los profesores. Destacan en todo, no vacilan al contestar, jamás se equivocan en un examen… parece que hubieran encontrado la forma de engañarnos en cada asignatura. El profesor Varner estaría dispuesto a creer que nos están haciendo trampas antes que aceptar que un alumno es más inteligente que él… Apuesto a que su madre les da clases…—. En realidad, no caben más alumnos en Física. Al profesor Banner le disgusta tener más de veinticinco alumnos en una clase.

    —Yo no sería ningún problema.

    Por supuesto que no. Un perfecto Cullen no lo sería nunca.

    —Ya lo sé, Edward, sólo que no hay suficientes pupitres…

    —En ese caso, ¿podría no asistir a clase? Emplearía ese tiempo en estudiar por mi cuenta.

    —¿No asistir a clase de Biología? —se quedó boquiabierta.

    Es una locura. ¿Tan difícil te resulta aguantar una asignatura que ya te sabes? Tiene que haber algún problema con el profesor Banner. Me pregunto si debería hablar con Bob del tema—. No tendrás suficientes créditos para graduarte.

    —Ya recuperaré al año que viene.

    —Tal vez deberías comentarlo antes con tus padres.

    La puerta se abrió a mis espaldas, pero fuera quien fuera no me importunó con sus pensamientos, por lo que ignoré esa entrada y me concentré en la señora Cope. Me incliné un poco más cerca y le sostuve la mirada con los ojos abiertos. Hubiera funcionado mejor de haberlos tenido dorados en lugar de negros. La negrura atemoriza a la gente, como debe ser.

    —Por favor, señora Cope —modulé la voz del modo más suave y persuasivo que pude, y puedo ser considerablemente persuasivo—. ¿No hay ninguna otra clase donde haya sitio para mí? Estoy convencido de que debe de haber un resquicio en algún sitio. Biología como sexta hora de clase no puede ser la única opción…

    Le sonreí a la par que procuraba no mostrar mucho los dientes para no asustarla y suavizar la expresión del semblante.

    Su corazón resonó con más fuerza.

    Demasiado joven, se recordó frenéticamente.

    —Bueno, tal vez podría hablar con Bob, quiero decir, con el señor Banner y ver si…

    En un segundo cambió todo: la atmósfera de la habitación, mi misión en la misma, la razón por la que me inclinaba hacia la mujer pelirroja… Lo que antes tenía un propósito concreto, ahora se había convertido en otro muy distinto.

    Un segundo fue todo lo que necesitó Samantha Wells para abrir la puerta y depositar con retraso la hoja de firmas en la cesta situada en la entrada. Un segundo fue lo que tardó el golpe de viento que se coló por la puerta en sacudirme. Un segundo fue todo lo que necesité para comprender por qué esa primera persona no me había interrumpido con sus pensamientos nada más entrar.

    Aunque no necesitaba asegurarme, me volví. Lo hice despacio, pugnando por controlar los músculos que se negaban a obedecerme.

    Bella Swan estaba ahí en frente, de pie, con la espalda apoyada contra la pared al lado de la puerta, con un papel apretado entre las manos. Sus ojos se abrieron aún más de lo habitual cuando asimiló mi mirada feroz, inhumana.

    El olor de su sangre saturó cada partícula de aire en la habitación pequeña y calurosa. Mi garganta estalló en llamas.

    El monstruo me observó de nuevo desde el espejo de sus ojos, una máscara de maldad.

    Mi mano vaciló en el aire sobre el mostrador. No tendría siquiera que mirar hacia atrás para coger la cabeza de la señora Cope y aplastarla contra la mesa con fuerza suficiente para matarla. Dos vidas, mejor que veinte. Una ganga.

    El monstruo esperaba ávido y hambriento a que lo hiciera.

    Pero siempre debe haber una posibilidad de elegir, tenía que haberla.

    Interrumpí el movimiento de mis pulmones y fijé el rostro de Carlisle delante de mí. Me volví para encarar a la señora Cope y escuché la sorpresa interna que le había causado el cambio en mi expresión.

    Echando mano del autocontrol que había tenido tiempo de practicar en décadas de esfuerzo, conseguí que mi voz sonara aún más monótona y suave. Quedaba suficiente aire en mis pulmones para hablar una vez más, apresurando las palabras.

    —Bueno, no importa. Ya veo que es imposible. Muchas gracias por su ayuda.

    Giré y me lancé fuera de la habitación al tiempo que intentaba no sentir la calidez de la sangre dentro del cuerpo de Bella cuando pasé a escasos centímetros de ella.

    No paré hasta llegar a mi coche, moviéndome demasiado rápido todo el camino hasta allí. La mayoría de los humanos se habían marchado ya, por lo que no hubo muchos testigos.

    Oí a un alumno de segundo, Austin Marks, darse cuenta y luego pensar que era imposible...

    De donde habrá salido Edward Cullen, es como si se hubiera materializado en el aire... Ya me vale, ya estamos con la imaginación otra vez. Mamá siempre dice...

    Los demás estaban allí cuando me deslicé dentro del Volvo.

    Intenté controlar la respiración, pero tragaba a grandes bocanadas el aire fresco, como si estuviera sofocado.

    —¿Edward? —me preguntó Alice con voz preocupada.

    Sólo sacudí la cabeza en su dirección.

    —¿Qué demonios te ha pasado? —inquirió Emmett, distraído en ese instante por el hecho de que Jasper no estaba del mejor humor para su revancha.

    En vez de contestar, lancé el coche marcha atrás. Debía salir de allí antes de que Bella Swan me siguiera incluso al aparcamiento.

    Mi propio demonio personal, hechizándome... Hice girar el coche y aceleré. Cogí los setenta antes de llegar a la carretera y una vez en ella, llegué a los ciento diez antes de doblar la esquina.

    Sin mirar, supe que Emmett, Rosalie, y Jasper se habían vuelto todos para observar fijamente a Alice, que se encogió de hombros. No podía ver lo que había pasado, sino lo que estaba por pasar.

    Y luego miró hacia adelante para ocuparse de mí. Ambos procesamos lo que ella veía en su cabeza y ambos nos sorprendimos por igual.

    —¿Te marchas? —susurró ella.

    Los otros se volvieron para observarme a su vez.

    —¿Voy a hacerlo? —susurré entre dientes.

    Entonces, vio que mi futuro tomaba un giro mucho más oscuro cuando flaqueaba mi resolución.

    —Oh.

    Bella Swan estaba muerta. La sangre fresca arrancaba brillos escarlata a mis ojos. Luego, había una investigación y transcurría un largo plazo de espera, por precaución, antes de que volviera a ser seguro que saliéramos, para empezar de nuevo…

    —Oh —dijo otra vez.

    La imagen de su visión se volvió más detallada. Contemplé el interior de la casa del Jefe Swan por primera vez, y vi a Bella en una cocina pequeña de armarios amarillos, dándome la espalda mientras yo la acechaba desde las sombras… hasta que el olor me llevara hasta ella…

    —¡Detente! —gruñí, incapaz de soportarlo más.

    —Lo siento —susurró ella con ojos dilatados.

    El monstruo se regocijó.

    Y la visión de la mente de Alice volvió a cambiar. Una autopista vacía, por la noche, flanqueada por árboles cubiertos de nieve que desfilaban a más de trescientos por hora.

    —Te echaré de menos.

    Emmett y Rosalie intercambiaron una mirada de aprehensión.

    Estábamos a punto de llegar al lugar donde teníamos que girar para tomar el largo camino que nos llevaba a casa.

    —Bajémonos aquí —les instruyó Alice—. Debes decírselo tú mismo a Carlisle.

    Asentí y las ruedas del coche chillaron al frenar bruscamente.

    Emmett, Rosalie y Jasper descendieron en silencio. Harían que Alice se lo explicara todo cuando yo me hubiera marchado.

    Ella me tocó el hombro.

    —Harás lo correcto —murmuró, pero esta vez no era una visión, sino una orden—. Charlie Swan no tiene más familia.

    Eso le mataría a él también.

    —Sí —dije yo, aunque sólo podía estar de acuerdo con Alice en la última parte de la frase.

    Ella se deslizó fuera para reunirse con los otros, con las cejas fruncidas, llena de ansiedad. Desaparecieron entre los árboles y estuvieron fuera de mi vista antes de que pudiera dar la vuelta al coche.

    Aceleré de regreso a la ciudad, y supe que las visiones en la mente de Alice estarían tornando del negro al blanco como si fueran una luz estroboscópica. Mientras conducía de vuelta a Forks a ciento cincuenta, no estaba seguro de hacia dónde iba.

    ¿A despedirme de mi padre o a abrazar al monstruo que moraba en mi interior? La carretera desaparecía bajo las ruedas.

     

     

    La cenicienta que no quería comer perdices

    Nuestro Cuento    

    Ghostgirl Citas

     

     

    Y te asomas a mis ojos como a una ventana abierta

         Penetras hasta lo más hondo de mi interior

       Donde a falta de alma me he tornado insensible

              Pues mi espíritu yace en un frío lugar

    Hasta que por fin lo encuentras y lo conduces de vuelta al hogar

                               Evanscence

     

    And there was a beautiful view

            But nobody could see

    ‘Cause everybody on the island was saying:

                Look at me! Look at me!

    (Y había una vista preciosa/pero nadie podía verla/porque

    Todos en la isla gritaban:/ mírame!mírame!)

                             Laurie Anderson

     

    This is going to take a long time

              Can’t take no more

    Wonder if you’ll understand

      It’s just the touch of your hand

            Behind a closed door                      

    (Esto llevará su tiempo/no lo soporto más/

    Me pregunto si entenderás/que no es más que el tacto de tu

    Mano/tras una puerta cerrada)

                     Vince Clarke

     

    Y como a la muerte yo esperar no pudiera,

             Ella,amable, a mí me esperó

    En la carroza, nuestras almas tan sólo

                Y la inmortalidad

                 Emily Dickinson

     

    Los ojos de los otros, nuestras prisiones,

    Sus pensamientos, nuestras jaulas.

                 Virginia Wolf

     

         Jamás quieras declarar tu amor,

    Amor que jamás declarado ha de ser;

           Pues el viento suave sopla

             Silencioso, invisible

         William Blake

     

    La mente tiene mil ojos,

         Uno sólo el corazón;

    Y aun la luz de toda una vida se extingue,

        Cuando muere el amor

               Francis W. Bourdillon

     

    When you think the night has seen your mind,

         That inside you’re twisted and unkind,

         Let me stand to show that you are blind

      Please put down your hands ‘cause I see you.

                    I’ll be your mirror

    (Cuando pienses que la noche se ha instalado en tu mente/

    Que en tu interior estás retorcido y angustiado/deja que te

    Muestre que estás ciego/baja las manos porque puedo verte/

    Yo seré tu espejo)

                               Lou Reed

     

    And i thank you for bringinf me here

            For showing me home

            For singing these tears

    Finally I’ve found that I belong here

    (Y te doy las gracias por traerme hasta aquí/

    Por mostrarme el camino a casa/por cantar estas lágrimas/

    Por fín he descubierto que aquí pertenezco)

                        Martin L. Gore

     

    Get me Hawai from here i’m dying

       Play me a song to set me free

    Nobody writes them likethey used to

       So it may as well be me

    (Sácame de aquí, me estoy muriendo/

    Tócame una canción que me haga libre/

    Nadie las escribe ya como se hacía antes/

    Puede que entonces sea sólo cosa mía)

             Belle and Sebastián

     

    They shifted the statues

    For harboring ghosts

    Reddened their necks,

    Collared their clothes

    Then we dance the dance till the menace got out

    She gathered the corners and called it her gown.

    (reemplazaron las estatuas por fantasmas protectors/

    Sucios los cuellos, raídas las ropas/y bailamos la danza

    Hasta que se desvaneció la amenaza/ella se recogió la

    Orilla y dijo que era su vestido de noche

     REM

     

    Un fantasma es alguien que no lo ha logrado

    Sylvia Browne

     

    Last night i dreamt,

    that somebody loved me

    No hope no harm

    Just another false alarm

    (Anoche soñé/ que alguien me amaba/sin esperanza

    Sin daño/sólo otra falsa alarma)

                   The Smiths

     

    You’d Hill yourself for recognition,

          Kill yourself to never, ever stop

            You broke another mirror,

    You’re turning into something you are not

    (Morirás por conseguir reconocimiento/morirás

    Por no parar jamás/has roto otro espejo/ te estás convirtiendo

    En alguien que no eres)

                          Radiohead

     

    Pero nuestro amor era más fuerte

    Que el amor de nuestros mayores,

    Que el de muchos más sabios que nosotros,

    Y ni los ángeles del cielo, allá arriba,

    Ni los demonios, en las profundidades del mar,

    Podrán jamás desgajar mi alma

    Del alma de la hermosa Annabel Lee.

    Alan Poe

     

    En el mundo yo sólo era una persona más,

    Pero anhelaba ser el mundo para una persona.

                            GG

     

    El destino es el mejor mecanismo de defensa.

    Ofrece el consuelo de que existe un orden en el universo

    Y ahorra mucho tiempo y esfuerzo explicar lo inexplicable,

    Sobre todo a uno mismo

                            GG

     

    El `pasado carecía ya de importancia - una puerta cerrada –,

    Salvo por el hecho de que había sido éste el que la condujo

    Al presente. El presente era terriblemente incierto, un lugar

    De temores y dudad, inquietante. Pero el futuro estaba allí para

    Despejar aquellos temores y hacer soportable pasado y presente,

    Era el lugar donde tenía depositados todos sus sueños y esperanzas.

    Y ahora el futuro estaba totalmente fuera de su alcance.

                              GG

     

    A nadie le interesa saber quién eres, sino más bien

    Quién no eres. Es mucho más fácil clasificarte y encasillarte

    De ese modo.

                                    GG

     

    Apegarse a algo o alguien es sinónimo de aferrarse a la creencia

    De que algo 0o alguien concretos colmará nuestra existencia.

    El apego nos mantiene vivos. Nos induce a luchar para

    Conservar lo que ya tenemos o p0ara conseguir lo que

    Deseamos. Pero en ocasiones también puede dejarnos en un

    Punto muerto, dando vueltas y sin llevarnos a ninguna parte.

                                                GG

     

    Renunciar puede ser para cualquiera, en cualquier momento,

    Lo más difícil

                                                 GG

     

    El próximo otoño

    Gorda, sebosa y sin solución,

    Buscarás al padre de tu retoño

    En un programa de televisión!!

                       GG

     

    Los magos y adivinos de feria nos hacen preguntas

    Y nos plantean elecciones a fín de averiguar lo que queremos

    Escuchar. Nos manipulan

                          GG

     

    El amor es una emoción demasiado fuerte como para ocultar

    Durante mucho tiempo. Niégalo y sufre las consecuencias,

    Admítelo y sufre las consecuencias. Destaparlo puede ser

    Bochornoso o bien puede ser liberador. Y que sea una u otra

    Cosa, son otros quienes lo determinan.

                               GG

     

    La vida es aleatoria

    Y el amor puede ser igual de aleatorio

                             GG

     

    A fín de que alguien influya en ti, sobre todo a la hora

    De que creas o hagas algo que en absoluto va contigo,

    Esa persona ha de gozar de cierta credibilidad. Tiene

    Que existir un grado de confianza entre las dos personas.

    Pero la confianza, una vez perdida, es difícil de recuperar.

                              GG

     

    Aquejada de lo único que supera en dolor a la muerte:

    El amor. Aprendió a desprenderse de su vida y de su amor,

    A permitirse un final,

    Y con ello, por primera vez, dejó de renegar de sí misma.

                             GG

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    La flota ballenera de Japón inicia la temporada de caza

    • El país asiático prevé capturar 900 ballenas arguyendo motivos científicos
    • Los ecologistas hostigarán a los balleneros japoneses durante la caza
    • Australia anuncia un plan de estudio de las ballenas que no matará cetáceos

    RTVE.es / AGENCIAS TOKIO / SIDNEY 18.11.2008 - 03:53h

    El principal barco de la flota ballenera de Japón ha partido hacia el Oceáno Antártico, abriendo la temporada de caza en la región, en la que está previsto que sean capturados en torno a 900 cetáceos, que el país asiático justifica en el interés científico de la misión.

    El Nisshin Maru ha abandonado el puerto de Innoshima, en el oeste de Japón, y sus movimientos serán seguidos a partir de ahora por las organizaciones ecologistas, que hostigan a los balleneros japoneses en protesta por la captura de cetáceos, que consideran se funda en motivos comerciales y no científicos.

    Así, una embarcación de la organización Sea Sheperd seguirá a la nave, en principio para controlar su actividad, aunque el año pasado trató de interponerse en varias ocasiones entre los seis barcos que entonces conformaban la flota japonesa y las ballenas.

    De hecho, durante la temporada de caza en el Ártico, activistas de Greenpeace se enfrentaron a los balleneros, lo que limitó las capturas. La Agencia Japonesa de Pesca ha negado, como especulaban algunos medios, que las capturas fueran a recortarse un 20% a causa de la oposición de los ecologistas.

    Australia inició un estudio sin sacrificio

    Por su parte, el Gobierno de Australia ha anunciado el establecimiento de un programa para el estudio científico de la ballena que, a diferencia del que Japón inicia todos los años por noviembre, descarta el sacrificio del cetáceo.

    El ministro australiano de Medio Ambiente, Peter Garrett, ha explicado en rueda de prensa que el proyecto, que cuenta con una inversión de seis millones de dólares australianos (3,78 millones de dólares), "trata de desacreditar de una vez por todas la idea de que hay que matar ballenas en nombre de la ciencia".

    El plan prevé la toma de muestras de los cetáceos, la colocación de chips electrónicos en ejemplares para la obtención de datos científicos y el desarrollo de técnicas genéticas, y contribuirá a expandir la industria turística basada en la contemplación del mayor de todos los animales conocidos.

    "Australia no cree que sea necesario matar a las ballenas para entenderlas. Desarrollaremos un nuevo modelo para coordinar investigación regional no letal sobre las ballenas", ha insistido Garrett. El ministro explicó que han invitado a Japón, además de a otros países de la región, a participar en la iniciativa.

    Noticia y VIDEO en:
    http://www.rtve.es/noticias/20081118...a/195714.shtml

    Gobolino, el gato embrujado

    Pulsar aquí para escuchar

     Gobolino1Gobolino2

    Gobolino3Gobolino4

    Gobolino5Gobolino6

      

    Dedicado a Edu & Mario ;)

     

    Queda prohibido

    ¿Qué es lo verdaderamente importante?,
    busco en mi interior la respuesta,
    y me es tan difícil de encontrar.

     

    Falsas ideas invaden mi mente,
    acostumbrada a enmascarar lo que no entiende,
    aturdida en un mundo de irreales ilusiones,
    donde la vanidad, el miedo, la riqueza,
    la violencia, el odio, la indiferencia,
    se convierten en adorados héroes,
    ¡no me extraña que exista tanta confusión,
    tanta lejanía de todo, tanta desilusión!.

     

    Me preguntas cómo se puede ser feliz,
    cómo entre tanta mentira puede uno convivir,
    cada cual es quien se tiene que responder,
    aunque para mí, aquí, ahora y para siempre:

     

    Queda prohibido llorar sin aprender,
    levantarme un día sin saber qué hacer,
    tener miedo a mis recuerdos,
    sentirme sólo alguna vez.

     

    Queda prohibido no sonreír a los problemas,
    no luchar por lo que quiero,
    abandonarlo todo por tener miedo,
    no convertir en realidad mis sueños.

     

    Queda prohibido no demostrarte mi amor,
    hacer que pagues mis dudas y mi mal humor,
    inventarme cosas que nunca ocurrieron,
    recordarte sólo cuando no te tengo.

     

    Queda prohibido dejar a mis amigos,
    no intentar comprender lo que vivimos,
    llamarles sólo cuando los necesito,
    no ver que también nosotros somos distintos.

     

    Queda prohibido no ser yo ante la gente,
    fingir ante las personas que no me importan,
    hacerme el gracioso con tal de que me recuerden,
    olvidar a todos aquellos que me quieren.

     

    Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo,
    no creer en mi dios y hallar mi destino,
    tener miedo a la vida y a sus castigos,
    no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

     

    Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme,
    odiar los momentos que me hicieron quererte,
    todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse,
    olvidar nuestro pasado y pagarlo con nuestro presente.

     

    Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
    pensar que sus vidas valen más que la mía,
    no saber que cada uno tiene su camino y su dicha,
    sentir que con su falta el mundo se termina.

     

    Queda prohibido no crear mi historia,
    dejar de dar las gracias a mi familia por mi vida,
    no tener un momento para la gente que me necesita,

    no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita.   

     

    Alfredo Cuervo

     

    Los animales, mis hermanos (Edgar Kupfer-Koberwitz)


     
    Edgar Kupfer fue encarcelado en el campo de concentración de Dachau en 1940. En sus últimos 3 años en Dachau obtuvo un trabajo administrativo en el almacén del campo de concentración. Esto le permitió mantener un diario secreto en pedacitos robados de papel y trozos de lápiz. Enterró sus escritos y cuando Dachau fue liberado el 29 de abril de 1945 los reunió de nuevo. Los "Diarios de Dachau" se publicaron en 1956. De entre sus notas de Dachau, Kupfer escribió un ensayo sobre vegetarianismo que se tradujo al inglés. Todavía se conserva una copia al carbón de este ensayo de 38 páginas con los Diarios originales de Dachau en la Colección Especial de la Biblioteca de la Universidad de Chicago.


    Los animales, mis hermanos. Por Edgar Kupfer-Koberwitz

    Las siguientes páginas fueron escritas en el Campo de Concentración de Dachau, en medio de toda clase de crueldades. Fueron garabateadas furtivamente en un hospital cuartel donde permanecí durante mi enfermedad, en un tiempo en que la Muerte nos acechaba día tras día, cuando perdimos a doce mil en cuatro meses y medio.


    Querido amigo:

    Querías saber por qué no como carne y te preguntas por las razones de mi comportamiento. Tal vez pienses que hice una promesa - alguna clase de penitencia - negándome los gloriosos placeres de comer carne.
    Recuerdas los jugosos filetes, los pescados suculentos, las maravillosas salsas, el jamón exquisitamente ahumado y mil maravillas preparadas con carne, deleitando a millares de paladares humanos; ciertamente, recordarás la exquisitez del pollo asado. Ahora que yo rechazo todo esos placeres, tú piensas que sólo la penitencia, o un voto solemne, un gran sacrificio, podría negarme esa manera de disfrutar de la vida, e inducirme a soportar tan gran renuncia.


    Con aspecto asombrado, me preguntas: "Pero, ¿por qué y para qué?" Y crees que casi adivinas el auténtico motivo. Pero si ahora trato de explicarte las verdaderas razones en una breve frase, te asombrarás, una vez más, de lo lejos que se hallaba tu conjetura de mis motivos reales.

    Escucha lo que tengo que decirte:

    - Me niego a comer animales porque no puedo alimentarme del sufrimiento y la muerte de otras criaturas. Me niego a hacerlo, porque yo mismo sufrí de una forma tan dolorosa que puedo sentir el dolor de otros al recordar mis propios sufrimientos.

    - Yo me siento feliz, nadie me persigue; ¿por qué iba yo a perseguir a otros seres o a hacer que fueran perseguidos?

    - Yo me siento feliz, no soy un prisionero, soy libre; ¿por qué iba yo a hacer que otras criaturas fueran apresadas y metidas en la cárcel?

    - Yo me siento feliz, nadie me lastima; ¿por qué iba yo a lastimar a otras criaturas o a hacer que las lastimaran?

    - Yo me siento feliz, nadie me mata; ¿por qué iba yo a herir o a matar a otras criaturas o hacer que las hiriesen o las matasen por mi placer y conveniencia?

    - ¿No es sencillamente algo natural, el que yo no inflija en otras criaturas aquello que, espero y temo, nunca será infligido en mí? ¿No sería muy injusto hacer tales cosas sin otro propósito que el de gozar de un frívolo placer físico a costa del sufrimiento de otros, de la muerte de otros?


    Estas criaturas son más pequeñas y más indefensas que yo, pero ¿puedes imaginar a un hombre razonable, de nobles sentimientos, que quisiera basar en tal diferencia su exigencia o derecho a abusar de la debilidad y la pequeñez de otros? ¿No crees que la obligación del más grande, el más fuerte, el superior, es la de proteger a las criaturas más débiles en vez de perseguirlas, en vez de la matarlas? "Noblesse oblige." Yo quiero actuar de una manera noble.


    Recuerdo la horrible época de la inquisición, y me entristece advertir que el tiempo de los tribunales para herejes todavía no ha terminado, que día tras días, los hombres cocinan en agua hirviendo a otras criaturas que son irremediablemente entregadas a las manos de sus torturadores. Me horroriza la idea de que tales hombres son personas civilizadas, no toscos bárbaros ni nativos. Pero a pesar de todo, sólo están primitivamente civilizados, primitivamente adaptados a su entorno cultural. El europeo medio, rebosante de sabias ideas y discursos hermosos, comete, sonriente, toda clase de crueldades, no porque esté obligado a hacerlo, sino porque quiere hacerlo. No porque carezca de la facultad para rechazar y para darse cuenta de las cosas espantosas que está llevando a cabo. ¡Ah, no! Sólo porque no quieren ver los hechos. De otro modo, sus placeres les inquietarían y preocuparían.


    Es muy natural lo que la gente te dice. ¿Cómo podrían hacer otra cosa? Les oigo hablar acerca de experiencias, de utilidades, y sé que consideran ciertos actos relacionados con la matanza como algo inevitable. Tal vez hayan conseguido convencerte. Lo adivino por tu carta.

    Considerando sólo las necesidades, uno incluso puede, quizás, estar de acuerdo con tales personas. ¿Pero, existe realmente tal necesidad? La tesis puede ser refutada. Quizás exista todavía alguna clase de necesidad para esas personas que todavía no se han desarrollado como personalidades plenamente conscientes. Yo no les predico a ellos. Te escribo esta carta a ti, a un individuo ya despierto que controla racionalmente sus impulsos, que se siente responsable — interna y externamente — de sus actos, que sabe que nuestro tribunal supremo descansa en la conciencia. No hay jurisdicción de apelación en su contra.


    ¿Existe alguna necesidad por la que un hombre completamente autoconsciente pueda ser inducido a matar? Si la respuesta fuese afirmativa, cada individuo tendría el valor para hacerlo con sus propias manos. Evidentemente, es una forma miserable de cobardía pagar a otras personas por realizar el trabajo de mancharse de sangre, del que el hombre normal se abstiene lleno horror y consternación. A tales sirvientes se les da algunas monedas por su sangriento trabajo, y se les compra las partes deseadas del animal asesinado — si es posible, dispuesto de tal manera que ya no nos recuerde a las incómodas circunstancias, ni al animal, ni a que ha sido matado, ni al derramamiento de sangre.


    Pienso que los hombres serán asesinados y serán torturados mientras los animales sean asesinados y torturados. También seguirá habiendo guerras. Porque el asesinato se debe entrenar y perfeccionar en objetos más pequeños, moral y técnicamente.. No veo ninguna razón para sentirse ultrajado por lo que otros hacen, ni tampoco por sus grandes ni por sus pequeños actos de violencia y de crueldad. Pero creo que es el momento de sentirnos ultrajados por todos los grandes y pequeños actos de la violencia y de crueldad que nosotros realizamos. Y dado que es mucho más fácil ganar las batallas pequeñas que las grandes, opino que primero deberíamos tratar de superar nuestra propia tendencia a la violencia y la crueldad más pequeña, para evitarlas, o mejor, para vencerlas de una vez para siempre. Entonces llegará el día en que nos resultará sencillo luchar y vencer incluso las grandes crueldades.

    Pero seguimos durmiendo, todos nosotros, en hábitos y actitudes heredadas. Son como una grasienta y jugosa salsa que nos ayuda a tragar nuestras propias crueldades sin saborear su amargura.

    No tengo la intención de señalar con el dedo a éste y a aquél, a personas concretas y situaciones concretas. Creo que mi deber es más bien remover mi propia conciencia en asuntos más pequeños, tratar de entender mejor a otras personas, para hacerme mejor y menos egoísta.
    ¿Por qué razón debería ser imposible, entonces, actuar del mismo modo con respecto a asuntos más importantes?

    Ésa es la cuestión: quiero crecer en un mundo mejor, en el que una ley más elevada garantice más felicidad, en un mundo nuevo donde reine el mandamiento de Dios: Amaos los unos a los otros.

    El animal más imbécil

    No aparece en la fotografía, pero a muy pocos les costará adivinar cuál es. Imbécil, desquiciado y a la vez genial. Identikit fácil de descifrar. Basta con asomarse sincero a un espejo y, suspendiendo el ego, bancarse el zafarrancho de la especie que nos tocó. Cierto que no todo está dicho y que algún futuro día podría celebrarse que el hombre es mejor que la hiena, la cucaracha o la rata. Propaganda a favor la viene teniendo desde siempre. Antiguos doctores lo etiquetaron como animal superior de la escala. Pifie grande. Sabemos, poniendo la mano sobre el corazón, que es de lo peor. Lleva 800.000 generaciones en la Tierra, y en cada una fue duplicando la barrabasada anterior. Bicho copión como pocos. Teme como cordero. Chilla como cerdo. Mata como lobo. Canta como ruiseñor. Medita como vaca. Y tortura como ninguno (tanto que ninguno de los inferiores a él lo hace) y compite consigo mismo y con los demás a la vez. Persigue de día lo que soñó de noche, y, en su afán de meter la nariz en todo, inventó todas las prótesis que le hicieron falta. Submarino. Cohete. Avión.

    Para constatar el estado de su salud mental basta leer un libro de historia universal. O mirar con atención esta imagen (tomada con aparato de fotografiar que él inventó) de estos dos bellos animales (que él capturó) a los que desnaturalizó y obligó (látigo mediante) a la coreografía circense que su capricho dispuso. Asombra tan errático progreso celular de aquel cerebro reptil que tanteó la arena, creció hasta ponerse de pie, ascendió a los árboles y, tras miles de mutaciones, pilotó un Concorde diseñado y hecho por él mismo. Bípedo implume con cuatro patas al nacer, dos de adulto y tres de viejo, este profesional del absurdo dedicó su cerebro a glorificar al puño. Así tomó el control de otros hombres y domesticó al casi entero reino animal. Inventor de la picana, padre del misil inteligente , productor de éxodos gigantes, sigue moviéndose por el planeta como rey no de la creación sino de la depredación. Máximo matarife que arrasa fauna y flora y, ante el menor obstáculo, activa su bélica juguetería que puede convertir a la humanidad en hamburguesa.

    No se explica cómo, siendo tan minúsculos, podamos dañar tanto. Todo animal que esté bajo la férula del hombre se degrada de modo irreversible. Se oxidan sus reflejos, pierde materia gris, se atonta. Durante siglos, el hombre domesticó y torturó animales hasta quebrarles la primera naturaleza. Los mutó hasta convertir un perro en un ratón con moño. Este deseo de variedad no se detiene. Su miopía, tampoco. Entre una limusina o una ballena no duda. Sacrifica los animales recogidos por Noé y los reemplaza con bestias que vomita la tecnología del criadero fantástico de Hollywood. Este estrafalario progreso responde como un boomerang : la mayor parte de los inventos mecánicos que nos rodean acaban por domesticarnos a nosotros. Y aun así no parece inquietar demasiado a nadie. El gran safari continúa su obra de exterminio y, para camuflar la barbarie, montan el tinglado de la falsa piedad: recuperan el delfín o el cormorán engrasado. Meros rituales de culpa. Lo que ciertamente conmueve ( y embriaga) al megaanimal hombre es el petróleo, leche sagrada de la que extrae la fuerza para el gemelo que él mismo clonó. Esa bestia artificial que lo traslada mejor que un caballo y ruge más que león. Que lo hace sufrir, envidiar, llorar, claudicar, caer a sus pies y convertirse en su valet, en especial los sábados por la mañana, con manguera y trapo en mano.
    leoncaballo
    León sobre caballo es visión propia de una pesadilla. Imágenes bellas como pocas estas dos magnas cabezas de la zoología. Y a la vez tan tristes. Ojalá que antes que la Atómica Edad despelleje la Tierra los animales concluyan a tiempo el arca que merecen para salvarse del diluvio creado por el hombre. Y otro ojalá: que no le cedan el timón al primer mono parlante. Se les repetiría la historia. Les resultaría fatal.

    Esteban Peicovich

    El mono científico (1895)

    En cierta isla de las Antillas, había una vez una casa y junto a ella, un bosquecillo. En la casa moraba un viviseccionista, y en los árboles una tribu de monos antropoides. Vino a suceder que uno de éstos fue capturado por el viviseccionista, que lo tuvo un tiempo metido en una jaula en su laboratorio. Allí, el mono tuvo ocasión de espantarse mucho de lo que vio, pero también de interesarse profundamente por todo lo que oyó. Como tuvo la fortuna de escaparse en una fase temprana del experimento (que tenía el número 701), y de volver con los suyos con apenas una ligera herida en una pata, en conjunto pensaba que había salido ganando.

    Nada más volver, dio en llamarse a sí mismo doctor y empezó a importunar a sus vecinos con una pregunta: "¿Por qué no son progresistas los monos?".

    -No sé qué significa progresista -dijo uno, y le arrojó un coco a su abuela.

    -Ni lo sé, ni me importa -dijo otro, columpiándose de una rama próxima.

    -¡Oh, calla ya! -gritó un tercero.

    -¡A paseo con el progreso! -dijo el jefe, un viejo conservador partidario de la fuerza física-. Intentad portaros mejor siendo como sois.

    Pero cuando el mono científico consiguió estar a solas con los machos más jóvenes, le escucharon con más atención.

    -El hombre no es más que un mono que ha medrado -explicó, colgando de la cola de una rama alta-. Al no disponer de un registro geológico completo, resulta imposible decir cuánto le tomó ascender, y cuánto nos tomaría a nosotros seguir sus pasos. Ahora bien, acometiendo enérgicamente in medias res un sistema mío propio, creo que conseguiremos asombrar al mundo. El hombre ha perdido siglos enteros con la religión, la moral, la poesía y otras zarandajas; tuvieron que pasar más siglos hasta que llegó a la ciencia como es debido, y sólo se ha iniciado en la vivisección anteayer. Nosotros lo haremos al revés, y empezaremos por la vivisección.

    -¿Y qué es eso de la vivisección, por todos los cocos?

    El doctor explicó en detalle lo que había presenciado en el laboratorio, y algunos de sus oyentes se mostraron encantados, pero no todos.

    -¡Nunca había oído nada tan bestial! -exclamó un mono que había perdido una oreja en una riña con una tía suya.

    -¿Y para qué sirve? -preguntó otro.

    -¿Es que no lo veis? -dijo el doctor-. Viviseccionando a los hombres, descubriremos cómo estamos hechos los monos, y así progresaremos.

    -¿Y por qué no viviseccionarnos unos a otros? -preguntó uno de los discípulos, de ánimo disputador.

    -¡Qué vergüenza! -exclamó el doctor-. No pienso quedarme sentado escuchando estas cosas; por lo menos, no en público.

    -¿Pero y si se trata de criminales? -preguntó el disputador.

    -Resulta sumamente dudoso que exista algo como el bien o el mal: así pues, ¿de dónde sacaríamos a tus criminales? -repuso el doctor-. Además, el público no lo permitiría. Y los hombres sirven exactamente lo mismo: es el mismo género.

    -Parece cruel para los hombres -dijo el simio con una sola oreja.

    -Para empezar -dijo el doctor-, ellos dicen que nosotros no sufrimos y que somos lo que llaman autómatas; así que yo tengo perfecto derecho a decir lo mismo de ellos.

    -Eso son tonterías -intervino el mono disputador-, y además, resulta autodestructivo. Si no son más que autómatas, nada pueden enseñarnos de nosotros mismos; y si nos pueden enseñar algo acerca de nosotros, ¡por todos los cocos!, entonces tienen que sufrir.

    -Soy de tu opinión en buena medida -dijo el doctor-, y de hecho ese razonamiento es bueno sólo para las revistas mensuales. Admitamos que sufren. Bueno, pues lo hacen en el interés de una raza inferior necesitada de ayuda: nada puede haber más justo. Y además, sin duda haremos descubrimientos que les resultarán útiles a ellos mismos.

    -¿Pero cómo vamos a descubrir nada -inquirió el disputador-, cuando ni siquiera sabemos qué tenemos que buscar?

    -¡Que me corten la cola -gritó el doctor, irritado hasta perder la compostura-, si no eres el mono de mente menos científica de todas las Islas de Barlovento! ¡Saber qué buscar, estaría bueno! La verdadera ciencia no tiene nada que ver con eso. Se va viviseccionando, por si acaso; y si se descubre algo, ¿no es uno mismo el primer sorprendido?

    -Tengo un último reparo -dijo el disputador-, y mira que no es que no piense que podría resultar bien divertido, pero los hombres son fuertes, y además tienen esas armas suyas.

    -Por consiguiente, cogeremos bebés -concluyó el doctor.

    Esa misma tarde, el doctor volvió al jardín del viviseccionista, sustrajo una de sus navajas por la ventana del tocador y después, en una segunda expedición, se llevó a su bebé del moisés de la habitación de los niños.

    Se armó un buen jaleo en las cimas de los árboles. El mono de una sola oreja, que era un tipo bondadoso, acunó al bebé en sus brazos; otro le llenó la boca de nueces, y se dolió al ver que no se las comía.

    -No tiene sentido común -dijo.

    -Ojalá no llorara -dijo el mono de una sola oreja-, ¡se parece muchísimo a un mono!

    -Basta de niñerías -dijo el doctor-, dadme la navaja.

    Pero al oír esto, el mono de una sola oreja perdió el ánimo, le escupió al doctor, y huyó con el bebé a la copa del árbol de al lado.

    -¡Anda y viviseccionate a ti mismo! -gritó el mono de una sola oreja.

    Toda la tribu empezó a perseguirlo, chillando; el jaleo atrajo al jefe, que andaba por el vecindario, espulgándose.

    -¿Qué está pasando? -gritó el jefe. Y cuando se lo hubieron contado, se pasó la pata por la frente, y empezó a dar voces-: ¡Por todos los cocos! ¿Qué pesadilla es ésta? ¿Cómo pueden unos simios rebajarse a tamaña barbaridad? ¡Devolved ese bebé a su sitio!

    -No tienes una mente científica -le dijo el doctor.

    -No sé si tengo una mente científica o no -replicó el jefe-, pero sí tengo un palo bien gordo y como le pongas una zarpa encima a ese bebé, te romperé la cabeza con él.

    Así que llevaron al bebé al jardín ante la casa. El viviseccionista (que era un estimable hombre de familia) se llenó de contento, y fue tal su alivio, que emprendió tres nuevos experimentos en su laboratorio antes de que hubiera acabado el día.

                        Robert Louis Stevenson (1895)

    Concentración por los animales 21/09

    Asociaciones, partidos políticos, protectoras, amigos y amigas de los animales, en este mail quiero decir una cosa alto y claro ¡¡¡BASTA YA!!!
     
    Solicitamos:
    - Una regulación Nacional en materia de Defensa de los Derechos de los Animales.
    - Penas y sanciones más duras para los maltratadores de animales y lo abandonos de estos animales por parte de sus dueños, o de la persona que lo lleve a cabo, reguladas por el Código Penal Español.
    - No financiar, ni aportar ayudas económicas, por el Estado o las CCAA, para la celebración de actos que ocasionen un daño tanto físico como psicológico a un animal.
     
    Es necesario un cambio rápido de esta política, es necesaria una LEY NACIONAL DE PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS DE LOS ANIMALES.
     
    Por ello, y sobre todo para conseguirlo, todos debemos estar unidos en esta lucha.
    Convoquemos una CONCENTRACIÓN REIVINDICATORIA el próximo día 21 de SEPTIEMBRE, a las 12:00 horas, en las cercanías del PALACIO de la MONCLOA* (Madrid), y exijamos al gobierno un trato justo de los animales y el reconocimiento de sus derechos.
     
    * La localización exacta del punto de concentración, es en la calle Profesor Aranguren, a unos 400 metros del Palacio de la Moncloa,  no ha sido posible su realización más cerca, ya que existe un perímetro de seguridad. Aun así queremos pedir vuestra asistencia, porque el lugar es simbólico, por ser la residencia del Presidente del Gobierno, y creemos que la unión hace la fuerza, y cuantos más seamos, más fuertes seremos.
    Gracias por todos vuestro apoyo!!!!

                                                                                                                                     www.concentracionmadrid.es.tl
     
    Además podéis firmar aquí:
    Profesor Aranguren